La lógica del terrorismo  

La nueva mayoría- Mar-11-04


Los atentados del terrorismo fundamentalista en Buenos Aires, en los EE.UU., en Irak y Pakistán, y el que acaba de tener lugar en España, no reparan en que mueren víctimas inocentes ni tampoco en la opinión pública. Dos características destacan la acción terrorista a comienzos del siglo XXI: el suicidio como arma y el magnicidio.

La primera pone a la civilización frente a un desafío inédito. Hay que remontarse a las montañas de Siria e Irak en la época de las cruzadas, para encontrar un antecedente del suicidio sistemático como arma, el que era practicado por una secta ismaelita, tanto contra árabes como cruzados. Estudios recientes, realizados entre los adolescentes palestinos de 12 años que habitan la Franja de Gaza, señalan que uno de cada cuatro está dispuesto a ser un terrorista suicida y ello muestra que las vocaciones para este trágico destino, están lejos de disminuir. Es difícil contener a quien está alimentado por el odio y además cree que su acción terrorista suicida lo llevará al cielo para toda la vida.

La segunda, muestra que el terrorismo ya no se centra en una víctima simbólica específica, como un gobernante, un político o un dirigente social o sobre organizaciones del Estado como las Fuerzas Armadas o la policía, sino que apunta a generar decenas, centenares o miles de víctimas colectivas, las que no tienen ningún nexo causal de tipo personal con el motivo del terrorismo. Los atentados del terrorismo fundamentalista en Buenos Aires en los años noventa, los del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos, los que recientemente han producido centenares de víctimas en Irak y Pakistán y el que acaba de tener lugar en España, no reparan en que mueren víctimas inocentes ni tampoco en la opinión pública. No hay una racionalidad, en cuanto al uso de la violencia, como sucedía con el anarquismo a fines del siglo XIX o el marxismo revolucionario en el siglo XX, que buscaban destruir al estado o en el segundo caso hacerlo en su forma "burguesa".

Pero el gran riesgo que presenta el terrorismo en el siglo XXI, es la combinación de ambas características -el suicidio y el magnicidio- con las armas de destrucción masiva que la tecnología ha generado en los últimos tiempos. La posibilidad de que atentados como los mencionados, se realicen utilizando armas de destrucción masiva, nucleares, químicas o biológicas, ponen a la humanidad frente a un desafío sin precedentes.

Le ha tocado a España ser víctima ahora del terrorismo magnicida.

El estudio del único fenómeno histórico que se le asemeja -la mencionada secta de los "asesinos" ismaelitas de la época de las cruzadas- mostró como experiencia histórica que llevó mucho tiempo derrotarlo, pero también que finalmente la lógica del terror no puede vencer más allá de su afán destructivo. 
por Rosendo Fraga


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